Entrevistas - Queen

Magia real

Aquella noche de julio, la música que sonaba en el Wembley Stadium se escuchaba, llenando el aire y vibrando en las calles oscuras, a una milla de distancia: “…We will, we will rock you”.
 
Era la música de Queen, el súper-grupo pop británico, amplificada por medio millón de vatios y por 72.000 personas excitadas. Diecinueve cámaras de televisión situadas dentro y encima del estadio grababan el concierto para el especial de este sábado del programa televisivo del C4, The Tube Queen - Real Magic. El concierto se retransmite además en casi todas las emisoras locales independientes del país.
Enciendes, sintonizas y es como si estuvieras allí, con Freddie Mercury pavoneándose en el enorme escenario al ritmo de los primeros compases de Radio Ga Ga, mientras 72.000 pares de brazos suben y bajan y los pelos de la parte posterior del cuello comienzan a erizarse.
"Cuando las luces han iluminado al público y les hemos vistos, casi no podíamos seguir tocando", dice el guitarrista Brian May. "Nos mirábamos unos a otros pensando: "Dios mío, esto es increíble". Millares de manos moviéndose en sincronización, cada vez más pequeñas hasta no son más que diminutos puntos que se agitan. Estar en un escenario es la mejor sensación del mundo".
El concierto, uno de los dos que ofreció Queen en Wembley, ha constituido el punto culminante de su gira estival por 11 países, la más importante del grupo hasta ahora. Sólo han tocado en estadios. Dado que Queen fueron el mayor éxito del "Live Aid" -que se celebró el año pasado para recaudar fondos para Etiopía- el cuarteto hubiera podido llenar dos veces consecutivas cada uno de los recintos.
"Nuestra música es idónea para los grandes estadios", dice May. "Siempre ha sido muy teatral y, cuanto más grande es el local, más espectacular resulta el concierto. Tenemos al líder perfecto, Freddie es uno de los pocos que pueden llegar al público multitudinario”.
"No nos hemos lanzado a hacer la gira hasta que no han coincidido una serie de cosas que nos han hecho ponernos en marcha. Nos hacemos mayores con el paso del tiempo y nuestro show exige una gran cantidad de energía, especialmente para Freddie. En los primeros tiempos del grupo solíamos dar dos conciertos cada noche. Ahora, nos moriríamos".
Entonces, ¿es cierto que hubo que presionar a Freddie para salir de gira y que a los demás miembros de la banda -May, el bajista John Deacon y el batería Roger Taylor- les costó convencerle?
 
"Freddie fue el último en animarse", dice May. "Ponte en su lugar. Él es siempre el centro de atención, para él son siempre la mayoría de los elogios, pero también la mayor parte de los palos”.
"Cada vez que vamos de gira, Freddie tiene que poner a prueba su valor. Una vez que nos decidimos a salir, él es quien nos arrastra a todos, pero, en principio, para él es como ir a la guerra. "
"Para mí los mejores conciertos ", dice Mercury, "son aquellos en los el público se te resiste. Se trata de una prueba de fuerza entre ellos y yo".
 
En el escenario de Wembley, el cantante estuvo ganando la batalla desde el primer minuto: arrogante, con el torso desnudo y proyectando su imagen como una especie de gangster camp.
Cuando Queen se formó hace 15 años, Mercury era estudiante de arte. Los otros tres tenían títulos de ciencias. Sin embargo, siempre se han entendido muy bien, a pesar de que ha habido algún que otro tira y afloja en relación a sus fantasías más salvajes.
“El elemento teatral forma parte de Queen”, reconoce May, y añade sonriendo: “Pero hemos conseguido no tener que llevar levita”.
“Cómo somos cuatro, no estamos nunca todos de acuerdo en todo. Tenemos personalidades muy diferentes. Si te fijas en las fotos, parece que cada uno es de un grupo distinto. No hemos tenido nunca una imagen uniforme, cada uno tiene su estilo particular.”
Se ha hablado mucho acerca de una posible separación del grupo, sobre todo por el hecho de que cada miembro tiene su carrera en solitario y porque, incluso en las giras, se niegan a ir todos en comandita.
“Si estamos demasiado tiempo juntos, nos hartamos unos de otros”, dice May. “Sólo nos reunimos cuando surge espontáneamente”.
“Sin embargo, ir de gira es muy bueno para el grupo porque tenemos un objetivo común -dar los mejores conciertos posibles- y nos resulta muy fácil ponernos de acuerdo al respecto. En el estudio resulta más difícil porque, como estamos haciendo cosas nuevas y tenemos ideas muy diferentes, nos cantamos las cuarenta cada dos por tres”.
“Los cuatro somos compositores. Las canciones que van en cada disco se deciden por medio de un proceso democrático. Si uno de nosotros se obceca con algo, le insistimos hasta que se da cuenta de que se equivoca, pero, en general, nuestro sistema se parece mucho a una votación”.
“Tiene que haber ideas de todos porque, si no tienes voz ni voto dentro de tu propio grupo, es el principio del fin”.
Una vez terminado el concierto de Wembley, los roadies proceden a desmantelar el enorme equipo de luces que necesita 15 camiones para ser transportado. Varias millas alrededor del estadio se origina un enorme atasco. Queen, por su parte, se van de juerga.
“Bajas del escenario con un subidón que es muy difícil de controlar", dice May. “Durante media hora estás físicamente agotado pero, de repente, te recuperas y te entran ganas de hacer muchas cosas. Es una de las enfermedades de las giras: que no puedes dormir”.
“Normalmente salimos después de los conciertos: una buena cena, conocer gente agradable, escuchar música de otros y mantener alguna charla interesante.”
“Roger y yo mantenemos largas discusiones sobre la evolución, las estructuras moleculares y cosas por el estilo. A veces, nos apetece irnos de juerga”.
A las tres de la madrugada, Mercury sube a un pequeño escenario a cantar con la estrella del glam-rock Gary Glitter y la cantante pop Samantha Fox. Los demás miembros del grupo permanecen en un rincón oscuro hablando de estructuras moleculares o lo que sea.
¿Y el futuro? Quizás haya más música de películas como la recién estrenada Highlander. Y tal vez menos videos promocionales.
 “Muchos de nuestros videos intentan capturar las emociones del concierto en directo, algunos son más narrativos y otros, más artísticos”.  Y ahí es dónde está la trampa”, reconoce May. “Acabas creyéndote que tienes que hacer un video para cada disco que sacas, incluso sabiendo que puedes cargarte una canción al reducirla a algo concreto y limitado. Las imágenes que la gente teje dentro de sus cabezas son a menudo mejores que cualquier cosa que podamos hacer en el video”. ¿Tal vez una gira americana? Tal vez los fans puedan disfrutar de un disco con la música de la gira de verano.

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